Lic. Laura Siniscalchi Psicologa

La Clínica Y Sus Modificaciones (1ra Parte)

La Clínica Y Sus Modificaciones

A lo largo de la historia de la humanidad, la clínica ha sufrido una serie de modificaciones, aunque no siempre -desde mi punto de vista- para beneficio de los pacientes.

Antes de ser un saber, dice Foucault, la clínica era una relación universal de la humanidad consigo misma, edad de absoluta felicidad para la medicina. Los conocimientos pasaban de padres a hijos y la medicina era practicada indistintamente por todo el mundo.

El término “clínica” nos viene de la medicina de la mano de Hipócrates, considerado padre de la misma, y significa “lugar donde se atiende”, “cama”, “lecho”, y hace alusión a la visita del médico a la casa del enfermo, que debido a su dolencia yace en cama.

Foucault llama a este tipo de práctica “clínica de la mirada”, es decir de la observación; observación ésta que es realizada por el médico en relación al paciente portador de una serie de síntomas a los que el médico debe hallarles explicación y algún tipo de solución, a través precisamente de la observación de los mismos.

Acuden en su auxilio una serie de preguntas recortadas de acuerdo a su marco teórico, cuyo objetivo consiste en encontrar respuestas que se inserten o encajen en alguna de las nociones de enfermedad con las que hasta ese momento cuenta. Es decir, el paciente, portador de su padecimiento o dolencia, no sabe lo que le pasa, tiene ignorancia total sobre sus síntomas, y el médico ocupa así el lugar del saber, el lugar del conocimiento.

Con el paso del tiempo y la aparición de la escritura, este “lugar de saber” fue ligado a aquellos que saben leer y escribir y pueden así acceder a los libros donde se “archivaban” más y más datos sobre el verdadero objeto de estudio de esta gente, que es “la enfermedad”.

Está en juego el diagnóstico y pronóstico de la misma, y para ello cuantos más datos se recaben, mejor.

Así, poco a poco se van conformando los llamados “cuadros nosográficos”, y los síntomas de los pacientes deben “encuadrarse” en ellos.

De esta manera, el sujeto deja de ser el “objeto” de estudio, desaparece el enfermo, y de la mano de la sistematización aparece la enfermedad con un verdadero status propio. El saber queda escrito en los libros y se aleja de ese cuerpo ignorante y dolido, transformándose esta “clínica de la mirada” en un conocimiento ciego, en donde el médico sólo busca la confirmación de su saber y el paciente se transforma en un elemento confirmatorio del cuadro que el médico tiene sabido.

La inclusión del sujeto es una intrusión molesta y no hay que dejar que su presencia y su palabra interfiera en el conocimiento sistemático médico, no hay que permitir que “ensucie la enfermedad”. El enfermo es sólo aquello a través de lo cual se da el texto a leer, el objeto transitorio del cual esta enfermedad se ha apropiado. Y no es que esta clínica ya no sea de la mirada; sigue siéndolo, sólo que está desplazada hacia el conjunto de ítems del cuadro, caso, enfermedad.

(Ira. Parte) Laura Siniscalchi

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